Reservado para ciclistas

Y ya que ando despejando el desván, aquí les paso un correo que me envió hace algún tiempo mi buen amigo Platón González.

"Estimado Napuseno, he estado siguiendo los correos del interné desde hace algunas semanas y creo que los que andamos en bicicleta en esta maravillosa ciudad debemos recordar las experiencias agradables para incentivar a los neófitos. Quisiera pedirte ---abusando de tu buena voluntad--- que publicaras esto que te envío y que mantengas mi identidad en secreto. Esto último es muy importante ya que laboro en la industria de la ingeniería química y cualquier reflexión sobre las cosas bellas de la vida es severamente penalizada.

"Hace algunos años, amanecí con la sensación de que algo especial me esperaba ese día. Ocurrió en esa etapa de mi vida en la que me encontraba rebotando de facultad en facultad sin ganas de terminar una carrera universitaria.

"Salí antes del amanecer y me acordé de las palabras de un cuate de la vecindad al que le dicen "El Buda": La vida es una secuencia de periodos de vacío espiritual interconectados por momentos de iluminación; sólo en esos instantes de conexión llegamos a estar cerca de Dios.

"Tomé mi acostumbrada ruta por la Avenida Legaria hasta Tacuba. Ya sobre el puente, donde se contempla toda la ciudad, apareció una escena tan hermosa que me obligó a detenerme.

"Los automóviles de acero y cristal pasan indiferentes a mi lado. Yo, con mis largas greñas al aire, me siento como un antiguo sacerdote en la cima de una pirámide, presenciando un fenómeno astronómico que los demás mortales ni siquiera se imaginan.

"Hacia el poniente hay una luna llena, hermosa y grande como los ojos de una mujer enamorada, que se comienza a ocultar tras la línea del horizonte. Y justamente del otro lado del mundo aparecen unos rayos dorados proyectándose sobre el firmamento, anunciando el nacimiento de un nuevo sol.

"Me quedo clavado en el mismo sitio, observando el fenómeno de sincronización del Sol y la Luna hasta el final, sintiendo que el corazón no me cabe en el pecho, tratando de comprender la razón por qué ese espectáculo tuvo que ocurrir en el preciso lugar y momento en que pasaba yo por allí en mi bicicleta.

Para los automovilistas, el momento se perdió para siempre. Pero en mí, siempre estará presente."