Esos bajones de azúcar

Veníamos llegando a la ciudad después de un bonito paseo en carretera. Era la primera rodada de los Biciperros a Tula y la primera vez que yo recorría 180 kilómetros en un día.

Estoy cansado, pero al llegar a la ciudad me llega nueva energía: he vuelto a mi ambiente y las distancias se me hacen cortas. Mis dos compañeros de viaje y yo tomamos por la Avenida Aquiles Serdán para entrar al corazón de México. En eso quedamos atrapados entre cuatro micros.

Me doy cuenta de que en el que va adelante hay una joven y hermosa mujer que acaba de subir y se esfuerza por mantener el equilibrio mientras avanza a la parte posterior. Cuando mira a través del cristal y se percata de los tres ciclistas, sus ojos se clavan en los míos. En su mirada interpreto la pregunta---: ¿qué haces entre tanto pesero?

Alzo la mano y la saludo. Ella me responde con una sonrisa que delata su simpatía y me regresa el saludo. Siento una explosión en el pecho y mis piernas dejan de obedecer al cerebro: El corazón es el que manda. Miro sobre el hombro y rebaso velozmente al microbús para salir del enjambre de peseros, sabiendo que en todo momento estaba en los ojos de aquella bella mujer.

Un kilómetro más adelante me alcanza Juanito Espejos y su hermano.

---¡Órale! ¿Todavía te sobra cuerda?

No era cuerda. Era la sonrisa de una mujer hermosa.